
martes 27 de julio de 2010

lunes 26 de julio de 2010
domingo 25 de julio de 2010
jueves 22 de julio de 2010
Cadáver Exquisito
Quiero un pedazo de cielo, para invitarte a dormir en la cama o en el suelo. Pasábamos todo el día tirados en la cama. Y que esté en mi cama viernes y domingos para estar en su alma, todos los demás días de mi vida. Su verbo vive en mi carne. No quiero nada que nos haga mal yo creo, yo creo y con eso basta. Es posible ser feliz, descubrir el cielo. Necesito estar lo más cerca que pueda de ti y fundirme en con tu espíritu divino y sentir que sí se puede ser feliz. Yo no quiero contigo ni sin ti.
Cada vez que me miras, cada sensación, se proyecta la vida. Y hay, hay cosas que no voy a olvidar, la noche que dejaste de actuar, sólo para darme amor. Gracias por el beso que me hizo bien. Gracias por tu risa que alumbra al sol. Si es amor, cruzará huracanes y tormentas, pero al fin, si es amor, beberemos sólo su belleza.
Has que mi sueño sea una verdad, dame tu alma hoy, has el ritual. Te llevaré hasta el extremo. Te llevaré... abrázame. Me gusta sentirte a mi lado me gusta estar al lado del camino, dormirte cada noche entre mis brazos. Despiértame cuando pase el temblor.
Cadáver exquisito musical
domingo 18 de julio de 2010
Su amado compañero
Día tras día servía una taza para cada uno. Aunque él ya no podía percibir el olor del café recién colado, mucho menos degustar su sabor. Más de cuarenta años de matrimonio los unía. “¡Buenos días, querido!” Solía saludar cada mañana, él sentado en su sofá favorito, no contestaba. Pero a ella le bastaba con mirarlo allí, con peinarlo, con decirle “¡Sigues tan guapo como el día de nuestra boda!”.
La casa tenía el olor de los años y ya las paredes habían envejecido junto a ellos y así muchas cosas, la cama, los muebles, los fotografías, pero los recuerdos se mantenían intactos. Los hijos ya tenían su propia vida, sus propios hijos, ya no había tiempo para los viejos. Los amigos eran escasos, muchos habían muerto, otros ya no tenían memoria.
Acostumbraba a colocar el viejo tango con el que se enamoraron y bailaba lo que sus frágiles pies le permitían. No había tiempo ni espacio, hace mucho que no salía de casa. La ciudad crecía pero en su memoria se conservaban ilesas las imagenes. No hacía falta salir, la juventud ya no respetaba y en casa se sentía cómoda, no había necesidad de buscar más.
Sólo salía a la puerta a recoger el diario y la comida que llegaba una vez por semana. Le leía las noticias, le hablaba de política, de sucesos, de internacionales. Aunque él no respondía, su compañía le era suficiente, la había sido por tantos años y aún inmóvil, callado, con el poco cabello que ya le quedaba, con la mirada vacía, con sus restos en continua putrefacción, porque aún después de muerto seguía siendo su amado compañero.
sábado 17 de julio de 2010
Ménage à trois a pesar de todo
Coqueta, frágil, educada y callada, esta es Martha una joven recién casada que aún no se acostumbraba a los quehaceres del hogar y mucho menos a una vida conyugal. Muy en el fondo odiaba haberse casado, creyendo en aquello que llaman “amor” pero que se fue tan rápido como vino. Era débil de alma pero fuerte de corazón es por eso que nunca pudo entregarse por completo a su esposo, Marco. Él la amaba de eso no hay dudas, trabajador, honesto, enemigo de los vicios y puntual. Conocía a su esposa lo suficiente, aunque también era lo suficientemente despistado como para no darse cuenta de que desconocía a aquella que en tantas ocasiones se entregó a él.
Ella muchas veces no recordaba bien lo que pasaba, sus movimientos no parecían coordinados por sus pensamientos, las palabras que pronunciaba no las hubiese dicho nunca, sentía miedo y casi siempre ahogaba su llanto escondiendo su cara entre las almohadas, lloraba de vergüenza, sentía vergüenza de sobrepasar los límites del placer.
Todas las noches el espíritu de Martha abandonaba su cuerpo para dar lugar al de aquella dama muerta no hace mucho tiempo. Laura, quien en vida no buscó más que lujuria, nunca se casó y vivió en ese mismo departamento hasta que una caja de lexatins mezclada con alcohol acabó con su vida. No le bastó con su vida de excesos, su alma vagaba en busca de lo mismo. Como no tenía un cuerpo físico para cumplir sus deseos de aprovechó de la debilidad de Martha.
Su cuerpo experimentaba un cosquilleo que poco a poco se iba convirtiendo en lujuria, ella no lo entendía bien pero nunca quiso comentárselo a Marco si al fin y al cabo no era muy alarmante ya que a pesar de todo y sin saberlo... Los tres la pasaban bien.
jueves 15 de julio de 2010
miércoles 14 de julio de 2010
Si... Querido lector. ¡La maté!. Lo confieso ¡La maté! Pero no me crea usted tan malo. ¡Oh no por favor! Tengo mis motivos y razones. Podría tildarme usted de loco tal vez exagerando de “demente” pero tendría que haberla escuchado, me habría entendido muy bien, si que lo habría entendido. Su risa era insoportable, estruendosa, demasiado feliz diría yo, siempre me molestó la gente feliz. Su felicidad era mi infelicidad. ¡Y pensar que la soporté durante tantos años! En silencio, sonriendo hipócritamente, aguardando el momento preciso para darle fin.
Ahogué su risa con mis propias manos. No me crea usted tan cruel, por favor no lo haga. Si usted la hubiera conocido seguramente la habría odiado tanto como yo. Era el ser más divino que pueda usted imaginarse. Con sus mejillas rojas, con su cabello rizado, con su piel blanca como la luna, con sus ojos infantiles, con su felicidad inquebrantable. Si que era hermosa pero era ella o era yo, no quedaba más opción.
Su risa me visita de vez en cuando para atormentarme, los recuerdos de su fantasma, esos no los puedo matar. Pero amigo lector, ¡Si, amigo que me está leyendo! No podía yo ser más condenado, era la mujer más hermosa que había conocido, tan magnifica que logré odiarla con todo mi ser.
Con mis manos asesiné las notas que salían de su garganta, le quebré el pescuezo, su risa terminó lentamente y se convirtió en un grito desesperado que poco a poco se fue apagando. Y volvió a mi aquella felicidad tan anhelada, reí hasta más no poder. Maté lo que alguna vez amé y no pido que usted me disculpe, no pido que sienta pena por ella, era hermosa de eso no hay duda, me encantaría que usted la hubiese escuchado, que pudiera compartir mi odio. Me habría entendido muy bien.
Yo tan sólo pido que usted entienda que cuando la felicidad ajena es causante de la infelicidad propia; hay que matarla desde la raíz, yo lo hice ¡La maté! Pero por favor no me crea usted tan cruel.
viernes 9 de julio de 2010
jueves 8 de julio de 2010
A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar:
“¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?”
Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: “He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado”, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: “He visto una casa que vale cien mil pesos”. Entonces
exclaman entusiasmados: “¡Oh, qué preciosa es!”
El Principito


